Conversatorio con Dora María Téllez
(1/3/2024)
Como parte del trabajo de sensibilización sobre Nicaragua, la Asociación Nica Libre organizó el pasado 1 de marzo un conversatorio en el que contamos con la magistral presentación de la emblemática Dora María Téllez. Nos gustaría compartir algunas de las principales reflexiones que ella misma nos trasladó, en un contexto en el que identificamos una fragilidad y aislamiento político del régimen de Ortega y de Murillo. Un régimen cuya única apuesta pareciera ser una política de aniquilamiento hacia cualquier forma de oposición política.
Los desafíos internos y externos sin precedentes a los que se enfrenta la dictadura en este escenario, dan pie a unas reflexiones sobre cómo seguir haciendo oposición y fortaleciendo la resistencia para trazar caminos hacia un futuro más allá de la dictadura, en búsqueda de una Nicaragua libre y democrática.
¿Qué ha pasado este año, desde la excarcelación de las 222?
El principal y más evidente desafío tiene un componente humano y de subsistencia para las 222 personas desterradas. Las situaciones a las que se han enfrentado son muy diversas. Algunas personas nunca habían salido del país o, incluso, de sus comunidades. Son muchas
situaciones personales complejas que han requerido que cada persona haga sus ajustes, antes de volver a activarse en la política.
Sumado a todo ello, el surgimiento de Monteverde como una plataforma plural que pretende aglutinar opiniones mayoritarias y fortalecer una oposición desde el exilio. Esta conformación no ha estado exenta de sus propias contradicciones o desafíos internos y de organización.
En todo este tiempo se ha aprendido a no enfrentar a la dictadura desde posiciones ideológicas, o desde una batalla dialéctica de izquierda y derecha, sino desde planteamientos más macro y ligados a líneas infranqueables de derechos humanos y democracia.
¿Cómo describe el panorama general?
La dictadura está ocupada en destruir el tejido asociativo de Nicaragua. Tiene miedo de que se repita el 2018, pero un nuevo estallido es inevitable. No hay otras opciones que las salidas cívicas, pero esto implica muchas complejidades. Aunque no existan evidencias palpables de que un nuevo estallido se pueda producir, el efecto olla de presión que se está produciendo en la ciudadanía puede acabar provocando una explosión en cualquier momento.
Por otro lado, hemos de tener claro que la dictadura no saldrá por su propia voluntad. Esto hace que trazar una hoja de ruta se convierta en una estrategia imprescindible para la oposición.
Es necesario establecer una hoja de ruta que implique la presión sobre la dictadura desde todos lados, sobre todo con nuestras propias capacidades, que comprenda elecciones democráticas (porque no hay otras salidas hasta ahora) y después la transición a la democracia que se iniciará con el logro de elecciones limpias, transparentes, competitivas y observadas.
En esta línea, contrario a lo que algunas personas piensan, los informes de los organismos internacionales, como el último informe del Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN), sí le hacen daño al régimen porque rompen el silencio que quiere imponer dentro y fuera del país. El hecho de que se hable de Nicaragua, y que no se olviden del país internacionalmente, hace mella.
Sobre la situación interna de la dictadura
La percepción es que la dictadura está frágil, débil, con temor. El aislamiento de Ortega y de Murillo dentro de su búnker en El Carmen se manifiesta también en una profunda desconfianza en funcionarios de todas las instituciones, incluyendo el sistema judicial y el sistema electoral que ellos controlan.
Esa es parte de la razón por la que mandó a echar presos a todos los precandidatos en 2021. El régimen tampoco confía en alguna oficialidad del ejército que está siendo impedida en su ascenso por el inmovilismo de la cúpula militar.
Actualmente pueden verse movimientos en torno a la sucesión dentro de la familia Ortega, con la proyección de Laureano en temas de Estado, en particular en el campo internacional con los chinos y los rusos y aún dentro del FSLN.
Las purgas en la policía, en la Corte Suprema de Justicia, en los ministerios y dentro del mismo FSLN muestran el ascenso de personas que deben su posición a Rosario Murillo. La barrida alcanza a la vieja guardia leal a Ortega, pero no necesariamente a Murillo.
Las purgas están demostrando que la incondicionalidad, que hasta hace poco era el cemento de la dictadura, ya no tiene validez. Las purgas en la Corte Suprema de Justicia, por la forma en que se hicieron, utilizando a la policía y confiscando carros y casas, muestran que lo que mantenía cohesionado al modelo criminal, se acabó. Hay una especie de canibalismo dentro de la dictadura.
En el plano internacional, la visita de Patrushev a Nicaragua fue para mandarle una señal a EU de que Rusia también puede meterse en su patio trasero. Los Ortega Murillo, buscan un paraguas de protección, metiéndose en un conflicto internacional.
Sobre la situación de los grupos opositores y perspectivas políticas
La salida de esta crisis y plantear una transición requieren necesariamente trabajar en un plano electoral. Por ello, trabajar en base a un horizonte electoral para 2026 y como escenario de presión sobre la dictadura, es absolutamente necesario.
El derrotismo y el inmovilismo, además de la crítica sin propuesta ante cualquier iniciativa que pueda plantearse en este sentido, no contribuyen a la cimentación de una oposición fuerte.
Hay sectores de la oposición en el exilio que sufren de sectarismo exacerbado aún a costa de la perspectiva y el interés político de todos para terminar con la dictadura.
Hay un segmento muy grande de la oposición que es antisandinista y que tiene razón de serlo. No se puede olvidar que en 2018 hubo casas del FSLN que funcionaron como centro de detenciones clandestino y donde se torturó a muchas personas. Es muy difícil separar el sandinismo del orteguismo, así como fue muy difícil separar el liberalismo del somocismo.
Sin embargo, será imposible terminar con la dictadura sin evidenciar a los sandinistas opuestos al régimen de los Ortega Murillo, si se mete a todo el mundo en el mismo saco. Esto incluye a funcionarios públicos, policías de línea y soldados, que no han estado comprometidos en la represión y que no se siente representada ni identificada con el régimen.
La construcción de democracia supone la inclusión política. Por eso, la lucha contra la dictadura requiere de una plataforma plural que represente la diversidad del pueblo nicaragüense y su objetivo central de lograr democracia y justicia. Así como requiere de un liderazgo unitario que siembre esperanza y no abone a conflictividades o sectarismos.
Sobre la construcción de una agenda de país
Es muy complicado hacer una agenda macro porque hay temas sobre el futuro del país que no han sido debatidos. Sería más viable hacer un listado de compromisos esenciales para la nueva Nicaragua, temas claves de la reforma democrática porque, como dice el informe GHREN, serán necesarios muchos años para reconstruir las instituciones del Estado que el orteguismo ha destruido.
Habría que definir las fases de la reforma democrática en Nicaragua. Por ejemplo, discutir qué se va a hacer con el ejército, la policía y el sistema judicial, por no hablar de todo el sistema político. Debemos aclarar en qué va a consistir el proceso de transición y de acceso a la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas de la dictadura.


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